miércoles, 4 de julio de 2012

La última libertad humana

Los que me conocen, al igual que los que me siguen, saben que soy un libre defensor del fumar, el beber y practicamente cualquier vicio personal que no resulte dañino de forma directa para el resto de las personas.
Nuestra propia decadencia ha traído consigo una serie de prohibiciones y coarciones de las libertades que han llegado a casi destruir nuestros derechos humanos.

Nuestros eran el derecho a la libertad de expresión, al refugio, al alimento, al trabajo y por último, a una muerte digna.
¿Con cuántos de estos derechos os parece que disfrutais?
Para la libertad de expresión debeis refugiaros en el anonimato o en el poder de las masas (si no eres nadie puedes decir lo que quieras, pero si eres alguien, prepárate para la censura pública y privada).
Las hipotecas, los embargos, la crisis.... todo eso nos arrebata el derecho a un refugio a todos los que crean que deberíamos abandonar la casa pagada de nuestros padres en algún momento.
El alimento... podeis creer que a día de hoy lo más seguro es que todo está bien al respecto. Podemos seguir yendo al Burger King y comprarnos un menú ahorro por 3€, pero imaginaos una cosa, imaginaos por un momento que de repente sucede un pucherazo como el argentino y los bancos no te permiten sacar más de 20 euros al día y más de 100 a la semana. Ahora un menú ahorro no te parece tan barato, ¿verdad?
En cuanto al trabajo creo que huelga decir todo lo que nos depara para nuestro futuro. Somos la generación más preparada para cualquier clase de eventualidad gracias a haber crecido con acceso a todo conocimiento mediante internet. Pero aun así algunos no consiguen un trabajo ni de panadero. Da que pensar.

Pero de todas estas libertades esenciales del ser humano es la última la que más nos conscierne. La muerte digna es aquella que llega tras haber dicho que has vivido lo suficiente y quieres ponerle fin a tu vida. Crecemos con la idea de que la inmortalidad estará a la vuelta de la esquina, que dejaremos de envejecer, se curará el cáncer, volverá a crecernos el pelo y las tetas se nos pondrán firmes.

Como decía Pepe Rubianes: "Dejamos de fumar por miedo al cáncer, el sexo por miedo al sida y hasta la cafeina nos quitan del café". Casi todos los que hablan conmigo en corte habitual saben que sólo le tengo miedo a una enfermedad, y es al alzheimer. Podría afrontar el miedo de la muerte inminente con una enfermedad terminal o la idea de quedarme parapléjico por una lesión de médula (eh, digo que podría, en esta vida uno no está seguro de casi nada), pero una enfermedad que hace que tus memorias, tus conocimientos e incluso el mismo recuerdo de padecerla desaparezca poco a poco... me aterroriza. Sé que si alguna vez me la diagnostican y no hay tratamiento posible desearé morir pues creo que cualquier hombre está en su derecho para elegir la forma en la que quiere desaparecer de este mundo.

Lie down, young boy


Debates teológicos, debates morales, debates políticos... en ellos se habla de la eutanasia como de algo que pudieran decidir por sí mismos, pero se equivocan. Algo así no es la elección de un comité, es la elección de un paciente que ha meditado todas las posibles consecuencias de su enfermedad y no quiere sufrir ni él ni hacer sufrir a sus seres queridos.

Algunos dicen que es injusto, inmoral, que un hombre se suicide por tener una enfermedad, pero sinceramente, yo sin mi mente no sería yo mismo.

Así que no renuncies a tu última libertad bajo la promesa de un mundo de salud e inmortalidad. Puede que seas tú mismo quien desee poner fin a tu vida.



"Let's get one thing straight
I'll choose my fate
And it's got nothing to do with you" --
Judas Priest-You Don't Have To Be Old

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